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Bull Dinner, the encore

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Bull Dinner, the encore

Mensaje por Stan el Dom Dic 10, 2017 8:37 pm

A punto de colapsar por el agotamiento vio a Calliope marcharse, queriendo despedirse aunque solo logrando un vago movimiento de manos. Una vez estuvo solo se fue de rodillas al suelo, intentando recuperar parte de su energía.

El resto de la tarde fue mejor.

Como supervisor de los santos de plata, Mercym Belt no dejó pasar la ocurrencia de la batalla. Esperando a su término, lo que hizo fue ofrecerle una botella con agua que se le antojó cristalina y pura. Una vez se la tomó, todas las heridas fueron restauradas y el cansancio, antes dominante, remitió hasta ser un mal recuerdo.

La explicación de Mercym fue un simple "¡es un milagro de la santa armadura del Cáliz y su portadora!".

De esa forma la tarde dio paso a la noche, donde los soldados de Cetus trabajaron como burros y él...pues, los dirigió. El verdadero problema, curiosamente, fue lo morboso que los chicos encontraron de usar la probeta de pavo para hacer que su maestra bebiera el agua milagrosa. Lo que pensó Stan fue que se volverían locos si vieran lo que ocurría en una sala de emergencias a diario.

A las ocho de la noche se encontró en la cocina de aquel cuarto/departamento en las afueras de Rodorio, haciendo la cena. En la sala, separada de la cocina por una barra donde comer, estaba Cetus aún fuera de combate, acostada en su nuevo y flamante colchón recién comprado. Stan se encontraba concentrado cuando de pronto, oyó que se movía. Girándose a tres cuartos, la vio sentarse más allá.

—Buenas noches.— le dijo a modo de saludo, retornando la mirada hacia las descomunales tiras de aceitoso tocino. —Supongo que ya estás mejor. Así que, para aclarar antes de todo lo demás: ese colchón es tuyo. Ya que por mi culpa se quemó el que tenías, me encargué de buscar uno que se asemejara. Supongo que tus alumnos no se equivocarían en eso.— dijo. En un movimiento llevó varios platos a la barra, sirviendo la cena, que era pues proteína y carne, cero vegetales. —Si quieres comer, estás invitada.—
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Re: Bull Dinner, the encore

Mensaje por Diana Wales el Dom Dic 10, 2017 9:54 pm

Diana se había mantenido de rodillas, intentando recobrar el aliento. La batalla había terminado, eso había quedado seguro. Aun así, Diana no quería darle a la ex Grulla la satisfacción de verla perder el conocimiento. Si quería lograrlo, más le valía atacar de nuevo. Más le valía a la desgraciada ex amazona de plata el tener los huevos de lanzarle un ataque cuando estaba en el suelo. Era algo que Diana le había dicho a sus mismos alumnos que era estúpido no hacer, la batalla realmente no terminaba cuando alguien proclamaba victoria. Terminaba cuando uno de los dos no estaba respirando. Diana dudaba que la matase, pero ¿el desmayarla? Eso no estaba fuera del juego.

Pero entonces sus tres idiotas conscientes decidieron interponerse entre Diana y la ex amazona de Grulla. Diana quería gritarles que se movieran, que eso era estrictamente entre Ella y la maldita desgraciada que había destruido su hogar. Pero su voz no le estaba respondiendo. Nada de su cuerpo estaba realmente respondiendo. Aunque cuando comenzó a sentir el ataque inminente por la bastarda escuálida, Diana fue incapaz de hacer algo. Quería mover a sus imbéciles. Quería ponerse entre el ataque y ellos, y decirles lo estúpidos que estaban siendo. Queria hacer mis cosas, pero Diana no podía hacer nada. Solo quedarse sorprendida cuando el ataque se desvió. Después de eso Diana encontró la oscuridad.

Al despertar, Diana noto como el piso se sentía mucho más suave de lo que debería de ser, por lo cual asumió de inmediato que la habían llevado a otro lugar. ¿A donde? Quien chingados sabia, y en ese momento no importaba. La cabeza le iba a explotar de lo tanto que dolía, y aunque su cuerpo no estaba en la agonía en la que debía de estar, su cuerpo se quejaba por el más mínimo movimiento que hacía. Diana mentalmente lo comparaba con el equivalente a haber corrido diez millas el dia anterior. “ ¿Que demonios? Debería sentir como mil cuchillos en los brazos...Capaz y también me drogaron y por eso no siento tanto. ¿Me habran llevado a un hospital? No creo, el Santuario no confía en medicina después del siglo siete antes de cristo.

Una voz odiosa y conocida invadió sus oídos, y Diana no pudo hacer nada más que reaccionar al voltear en dirección de ella. No tenía realmente las fuerzas para soltar molestia alguna contra el Sr. Toro de Oro. No, estaba demasiado jodida como para gastar energía alguna en lo que fuese lo que fuese que pudiese lanzar al moreno. Además de que, como Diana estaba notando, estaba demasiado cansada como para pensar de qué podría quejarse en ese momento con el. Seguramente algo de como el imbécil, al quererse hacer el muy pitudo, se había sentado como un déspota a disfrutar del espectáculo.

- Que padre, ahora solamente me falta una casa donde chingados ponerla. - Respondió Diana al entrar a la cocina, tomando el plato con la mayor cantidad de alimento y comenzando a engullir la comida sin restricción alguna. - Sabes, si querias meterme a tu apartamento habian formas mucho más fáciles de hacerlo que dejar que una perra me rompiese el hocico. Me pudiste haber comprado un trago por ejemplo. - La mirada de Diana se afilo de inmediato, mientras la mano que sostenía el tenedor, de pronto se tornaba en una amenaza latente, - ¿No me hiciste nada mientras estaba fuera de sí, verdad? -
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Re: Bull Dinner, the encore

Mensaje por Stan el Dom Dic 10, 2017 10:30 pm

Tan encantadora como siempre.

—Ya tienes casa nueva. Calliope donó su cabaña para que te albergues desde mañana.— le contestó. —Por lo que resta de la noche, te queda ser mi invitada. Aunque si estás en desacuerdo, esa es la puerta.— señaló con toda la normalidad del mundo, apuntando a la puerta que estaba en un pasillo a la derecha de la cocina y la sala. —Te lo dije antes. No eres mi tipo. Tampoco sería profesional tener una relación.— Y ni hablar de la compatibilidad. Aunque tenían cierto nivel de entendimiento, de andar juntos, así solo fuera para mojar el churro, estaba seguro que se terminarían odiando. O solo despreciando una buena medida. —Me remito a lo anterior.— completó mientras empezaba a comer. Y vaya que le había quedado deeeliciosa la carne. Nada mejor que una cena de ese tipo tras un día tan...

—El señor Belt te mandó a decir algo, por cierto.— masticó el tocino, sintiendo el crujir en sus dientes y la ricura de la grasa disolverse en su lengua. —Tienes una semana libre. Según él, tu actuación como maestra del grupo de santos de bronce fue más que satisfactoria. Además, sugerí que necesitarías algo de tiempo para asentar los asuntos con tu mudanza.— comentó con un tenedor en la boca. —Los niños de bronce dijeron que están ansiosos por ayudarte a mover las cosas. Las de tu apartamento "privado", o algo por el estilo.—

A saber que diablos querían decir con eso, porque él no tenía ni una pizca de idea a que se referían con ese término.
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Re: Bull Dinner, the encore

Mensaje por Diana Wales el Lun Dic 11, 2017 5:49 pm


Por un minuto Diana mantuvo su mirada puesta en el Toro de oro, asesando la verdad detras de esas palabras. Finalmente, Diana regresó la mirada al plato enfrente de ella, - Quien dijo algo de una relación? - preguntó, limpiando la grasa que escurría por su mentón. Aquella dieta realmente explicaba demasiado la fisonomía del moreno. Bueno, en verdad solo explicaba de dónde sacaba su forma cuadrada. El porque no era más redondo de seguro se debía al esfuerzo físico que hacía a diario.

En cuanto al no ser su tipo, Diana no pudo más que aceptar aquello como verdad. Siendo honesta, Diana estaría dispuesta a admitir que el Toro de Oro no era una persona que considerase desagradable a los ojos. Al contrario, Diana podía admitir que tenía cierto atractivo moro en aquellos gruesos brazos y piernas que en otras ocasiones le hubiesen hecho esforzarse para ver que tan bueno eran debajo de las sabanas. “ Que mal que sea un déspota idiota que seguido termina metiéndose el pie en la boca y sigue succionando hasta que atora su tobillo en la garganta. ” Si no fuese por eso, no le molestaria darse un revolcón con él, al menos para quitarse el gusanito de la curiosidad.

- Y en cuanto a esa perra donandome algo...Pffff. Te creeria mas si dijeses que la misma Athena de la bondad de su corazón había decidido pedir que construyeran una choza en otra parte del santuario. - La mano de diana había alcanzado alguna clase de líquido digerible, el cual debido a como se estaba sintiendo en aquel momento, no tenía ni la mas minima idea de que fuera. - Lo mas seguro, es que tras mover las pertenencias de la destroza hogares a su nueva suite de lujo, llegaron a conclusión de que como ella ya no la iba a usar, y yo necesitaba un nuevo hogar podían matar dos pájaros de un tiro. - a Diana en verdad que le dolía la cabeza, pero aun así estaba completamente consciente de la situación en la que estaba, - Pues ya que, no es como si tuviera muchas opciones -

- Pues bueno, supongo que iré a disfrutar de mi temporal libertad. - Diana empujo el plato hacia el Toro de Oro, ignorando su mirada mientras con dificultad se levantaba de su asiento, - Gracias por la comida - Como pudo, Diana camino hasta la sala de aquel apartamento, del cual estando en un mejor estado ya hubiese comenzado a comentar, pero que en ese momento no le importaba ni un carajo. Agachándose, Diana tomo uno de los extremos del colchón y comenzó a jalar. Y jalar. Y jalar hasta haberlo movido unos centímetros, tras lo cual Diana se colapsó encima de dicho colchón lanzando un suspiro de molestia. Al final parecía que Diana no iria a ningun lado.

- Puedes decirle a esos pequeños idiotas que si es un cuarto privado, es privado por algo. Además no pienso mover nada de ese lugar, por algo está allí - Diana seguía sorprendida por el misterio que parecía rodear su pequeño espacio personal fuera de esta dimensión. Realmente, sus alumnos encontraban cualquier cosa como motivo de chisme. Muy mal por ellos. Lo cual a Diana le recordaba, - Al final que paso con Logan? - Levantó apenas la cabeza para poder hablar bien, observando apenas al Toro de Oro.
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Re: Bull Dinner, the encore

Mensaje por Stan el Lun Dic 11, 2017 6:27 pm

Ya empezaba a acostumbrarse al tono que usaban una con la otra. Parecían hermanas que se detestaban solo por cada adjetivo pintoresco que lanzaban tan libremente. Oyéndola hablar de su teoría sobre que fue recursos humanos quien le dio la cabaña y no la misma Géminis Stan se encogió de hombros. Igual, estaban en su departamento y fuera del horario de trabajo; podía tomarse a ligero el mantener la fachada de ser duro y un jefe. —De nada.— contestó. Aunque era...tan peculiar, la chica tenía cierta clase. Hasta parecía que evitaba el protocolo por algo. Claro, no era la primera vez que notaba eso, pues desde la cena ocurrida semanas atrás pudo percatarse. Eso encendía su curiosidad.

Sería para otra ocasión. Tomando todos los platos fue al fregadero a ocuparse de lavar, escuchando a Cetus con cuidado. —Diles tú misma. Seguro los vas a ver mañana. Además, son TUS subordinados. Seria raro meterme en eso.— le contestó cerrando el grifo, secándose las manos con un paño. Apagando la luz de la cocina pasó a un lado del colchón, llegando hasta el fondo de la sala donde tenia un escritorio atiborrado con cosas del trabajo. Sentándose encendió la lámpara, estirando sus brazos. —Está vivo. Tanto como nosotros dos después de enfrentarla.— contestó mirando a Cetus con las cejas arriba. Su expresión era de cierta aprehensión. —El señor Belt le dio una botella de agua de Copa y se mejoró, eso fue lo que me dijeron los demás. Igual lo mandaron de reposo unos cuantos días.— explicó, malabareando algunos pensamientos. —La armadura sí es otro asunto.— porque las grietas eran... —Creo que quieren pedir tu supervisión para mandarla a reparar.— dijo finalmente.
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Re: Bull Dinner, the encore

Mensaje por Diana Wales el Lun Dic 11, 2017 8:07 pm

- No se supone que estoy de vacaciones? Eso significa “sin responsabilidades” según la última vez que leí el diccionario. - Dijo desde el colchón donde Diana apenas y había logrado aterrizar la mitad de su cuerpo, dejando sus piernas encima del piso del que ahora estaba casi segura era el apartamento donde el Toro de Oro tenía sus putas de forma clandestina. Podía hacer el esfuerzo por empujarse hasta estar completamente en el interior del colchón, pero el simple pensamiento del esfuerzo que le sería moverse, hacia que Diana tuviese una poderosa jaqueca. Además el piso no estaba tan frío, de hecho se sentía algo suave. Capaz el Toro de Oro había alfombrado su casa. Eso o Diana estaba lo suficientemente fuera de sí como para notar la diferencia.

- Entonces también te enfrentaste con la perra? Al menos le ganaste? - Diana volteo su cabeza en dirección de la nueva ubicación en donde se había colocado el Toro de Oro. Se preguntaba si sería capaz de saber si si había salido victorioso de aquel encuentro con la Amazona de la triste figura. Eso o si el haberse enfrentado a ella era un eufemismo para alguna otra cosa. La idea no sonaba nada bien, pero no podia estar seguro. Sobre todo con lo tanto que hablaba de haberla hecho feliz antes.

Hasta allí llegó ese tren de pensamiento. Diana necesitaba borrar esa imagen mental, y necesitaba hacerlo pronto. En el momento en que noto que no podía sacar el colchón de aquella vivienda Diana había considerado el simplemente tirarlo en su “apartamento privado” como decían sus valientes buenos para nada alumnos pendejillos. Aquel plan pronto se fue por el caño cuando Diana se dio cuenta que no tenía la fuerza suficiente para abrir aquella puerta lo suficientemente ancha como para lograr meter el colchón entero. “ Pero capaz pueda abrir algo lo suficientemente grande como para meter la mano

Intentando abrir una pequeña entrada a su dimensión personal, Diana celebró su éxito al introducir su mano y sacar una botella de Ron. Considero por un momento el beber alcohol en aquella situación. Después de todo, Diana no sabia que tantas cosas le habían metido en el intento de asegurarse que no terminase como una simple y grande bola de dolor y sufrimiento. Diana sabía bien que el alcohol no se mezclaba con los medicamentos, pero suponía que si comenzaba a sentirse mal, siempre podía vomitar en la alfombra del apartamento. Eso, o en los costosos sofás del lugar. Asi que inmediatamente Diana llevo la botella a sus labios.

- Quieres decir, quiere mi sangre para repararla. - Diana sonaba un poco molesta ante aquello, pero era más una molestia cansada. La verdad dicha petición no le sorprendía en lo más mínimo, pues se suponía que los maestros debían de encargarse de sus alumnos. Eso, para la mala suerte de Diana, significaba que debían de estar dispuestos a dar sangre cuando fuese necesario. “ Como si no estuviese lo suficientemente débil, Aish, pinches putos de mierda

Diana suspiro. De nuevo, no era como si tuviera muchas opciones. - Esta bien supongo. Pero qué hay de la mía? Tampoco se veía muy bien la última vez que la vi. Dime que sangraste lo suficiente a la perra para poder repararla. - Diana volvió a dar un sorbo a su botella, - Por cierto, quieres algo Toro de Oro? Tengo casi todo tipo de alcohol, pero cerveza solo Guinness, nada de esa mierda Hipster. -
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Re: Bull Dinner, the encore

Mensaje por Stan el Jue Dic 14, 2017 8:06 pm

Stan se detuvo del trabajo al oír la pregunta de Cetus, pensando que responder. Tras un minuto se volvió a girar a tres cuartos. —No morí.— contestó. Intercambiando una mirada con la rubia siguió considerando cosas que agregar a eso y la verdad, se le antojaba innecesario. Cetus no era estúpida como para no entender las implicaciones de algo tan simple, por mas que lo ocultara con sarcasmo. Tras encogerse de hombros, volvió su rostro hacia el escritorio.

Unos minutos después escuchó como abría algo que sonaba a una botella, añadiendo otra pregunta a la lista que debía responder. —Eso es si la armadura está muerta. Creo que no lo está. Supongo solo quiere que le digas donde está el herrero.— contestó. Siempre se impresionaba de que olvidaran el detalle de que la reparación NO siempre requería un sacrificio abominable de sangre; por lo visto el "caso excepcional de muerte de la armadura" pasaba volando sobre sus cabezas, y eso que era uno de los puntos más básicos del catálogo que aprender en el Santuario. —Umm...— allí se detuvo a si mismo, pensando. Las grietas eran feas, pero estaba ¿muerta? No podía responderlo con propiedad. —...mejor no me hagas caso, creo que estoy agotado.— determinó. —Sigh. Este día ha sido peor que una montaña rusa.— dijo levantándose de la silla.

Ya se encargaría del resto de trabajo cuando saliera de allí y estuviera en Francia al día siguiente. Por los momentos, le serviría un té y dejar de lado la labor. Un bostezo se le escapó, confirmando lo pensado.

—Sangró, pero no tanto como para reparar una armadura muerta.— contestó, rememorando el hilo de sangre que se escapó de la boca de Calliope. De nuevo repasaba lo monstruoso que resultaba enfrentar a Géminis. —Debo declinar. No puedo tomar mucho.— le dijo pasando al lado del colchón. De hecho, mientras menos alcohol, mejor para él.

—Creo que nos estamos conociendo mejor.— comentó de pronto en la cocina, sacando cosas de algunos cajones. —Ya sabes que solo como carne y no puedo tomar alcohol. ¿Qué hay de ti? Se de Cetus, no de la mujer detrás de la armadura.— inquirió, sabiendo que se dejaba abierto a más y más burlas de la rubia. Supuso que al menos, lo intentaba. Además, imaginaba que debía de valer la pena. O eso quería creer.
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Re: Bull Dinner, the encore

Mensaje por Diana Wales el Vie Dic 15, 2017 5:40 pm

Diana levantó la cabeza lo mas que pudo para observar por completo al Toro de Oro, algo sorprendida. - Osea que dejaste que la perra te rompiese el hocico también. - había algo de placer detrás de las palabras de Diana, y como negarlo, el saber que él también había perdido le llenaba de un inesperado mas muy bienvenido gozo. Claro, Diana también había perdido contra la ex amazona de Grulla, pero el saber que el Caballero Dorado que siempre había estado jodiendo con su rango sobre los demás había recibido una paliza a manos de la misma mujer a quien despidió...simplemente no había forma de describir lo poeticamente justo que eso sonaba. Hacia que Diana odiase menos a Ex Grulla. Era una fracción insignificante, y Diana aun queria sacarle los ojos a picotazos, pero era la intención lo que importaba.

- Pillamada de los perdedores, que grandioso. - Diana se volteo completamente, quedando boca arriba, observando al Toro de Oro en lo que en una caricatura hubiese sido al revés. “Que problema mental necesitas para realmente ver las cosas al revés cuando estas asi? En serio, que imbecil se confunde por esto? ” La blusa que Diana llevaba puesta se había desacomodado y mostraba de mas, pero Diana lo ignoro. - Bueno, no suena eso realmente grandioso. Donde se supone que voy a encontrar al herrero? -

Diana suspiro fuertemente al escuchar la pregunta del Toro de Oro. - No es como si hubiese mucha diferencia, osea no todos intentamos hacer un papel algo ridículo debido a las expectativas de nuestros roles, sabes? - Diana dejo el énfasis en aquella última parte, en un intento nada sutil de que su anfitrión tomase la pedrada. - Pero anda, pregunta y respondere. Ya sabes que me gusta tomar, y que me gusta buscar compañía para la noche. Que mas te gustaria averiguar de la chica semi desnuda en medio de tu sala? -

Tambien tendria que preguntarle algun dia al Toro de Oro como era que se había recuperado mucho más rápido de su madreada, pero seguramente se debía a su consistencia como “santo de Oro.” Nuevamente se encontró suspirando, más esta vez el suspiro terminó transformándose en algo más cercano a un gruñido. Realmente le molestaba en estar en esa situación, y le molestaba aun mas el estar en esa situacion por culpa de la perra de Ex Grulla. Si, Diana siempre supo que había gente mucho mas fuerte que ella, no era una idiota engreida que pensaba que su puño era el punto que iba a atravesar los cielos. Pero se imaginaba que estaba algo encima o al menos a la par que esa desgraciada. Que le hubiese puesto una paliza asi, tan unilateral a favor de la espantapájaros, era algo que simplemente hacía que su sangre ardiese.




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Re: Bull Dinner, the encore

Mensaje por Stan el Vie Dic 15, 2017 7:47 pm

—Suenas tan contenta por eso.— le dijo, apenas elevando las cejas. No le extrañaba. Esa mujer tenía una manera rara de ver las cosas. —No tengo ni idea. Se supone que los herreros son los arianos.— le contestó. Aries y todos los relacionados con las zonas entre China e India, si no recordaba mal las lecciones de Gar. —Podrías preguntar en el---YAAAWN— se vio interrumpido por un descomunal bostezo, dejándolo en cuenta de que estaba agotado. Día de montaña rusa, sin duda.

Y...otra respuesta lista. Era como una cebolla: quitabas una capa de sarcasmo y había otra mas por debajo. Eso si no se sentía con ganas de ser más frontal o demostrar mas de lo evidente.

—Muy ridículo, concuerdo.— dijo. Igual, ella misma debía saberlo para esos momentos, más con un equipo de bronces a cargo: todos parecían necesitar la ilusión de rangos y gente que diera órdenes. Era algo...curioso, por decirlo de cierta forma. Para ella y Calliope, quienes se movían a su propio ritmo, debía ser lo más ridículo y molesto del mundo, pero para los demás era como funcionaban.

Eso no cambiaba, pensó, que debía verse la mar de obtuso con el rango por delante. Oh bueno.

Allí la tetera soltó su vapor, así que se sirvió su té - cuyo aroma, por cierto, aumentó su humor para dormir. Un nuevo bostezo se le escapó. —Estoy pensando y no se me ocurre nada.— dijo tras un minuto de pensarlo detenidamente y sorber su bebida. La manzanilla le estaba inundando la cabeza con pensamientos de irse a dormir de una buena vez, apartando la sección que se relacionaba con la mecánica, la de sus tareas pendientes en la academia de santos y aquel fragmento de los problemas causados por las dos rubias. De hecho, sintió los párpados como si pesaran toneladas. —...no, no se me ocurre nada.— declaró, otro bostezo saliendo en secuencia. —Iré a dormir. Buenas noches, Cetus o Diana o...lo qu---YAWWWN...tu me entiendes...— dijo, antes de meterse en su cuarto y cerrar la puerta sin mirar atrás.
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Re: Bull Dinner, the encore

Mensaje por Diana Wales el Dom Dic 17, 2017 12:01 am

Diana se vio con la maravillosa respuesta de un hombre que al parecer estaba muy cansado para notar su furia. “ Bah, supongo que al final da igual ” Diana también estaba cansada como para dejar que aquella creciente ira tomase control completo de ella, y la verdad no veía razón para dejar que se fuera propagando de la manera que lo había estado haciendo. Oh claro, Diana iba a hacer algo al respecto debido a esa situación y no se iba a quedar con las manos cruzadas. Sin embargo, no pensaba gastar más esfuerzo en ese momento. Estar enojada era simplemente algo muy agotador, y lo que menos necesitaba en ese instante era agotarse de mas. - Buenas noches, que sueñes con putas negras, y que duermas bien Toro Dorado. Gracias por dejarme dormir en el suelo de tu sala. -

Diana escucho la puerta cerrarse sin respuesta alguna por parte de su anfitrión. Aquello era uno de los pocos gestos groseros por parte del Toro de Oro, al menos de aquellos que no fuesen el resultado de el queriendo hacerse el interesante al mostrarse como el mandamás de los santos de plata. Igual, no le molestaba a Diana, era ese tipo de ocasiones, cuando respondía de una manera similar a aquella, que podía observar que el Toro de Oro era un niño de verdad, y no solo un clon genético del Pedopriest programado para burocracia del Santuario. Lo hacia mas Humano.

En fin, había sido un dia demasiado largo, y tal vez Diana había dormido la gran parte de ello pero no estaba por ende menos cansada. Así que tras contemplar por unos segundos la puerta cerrada y preguntarse si debía de abrirla y mostrarle al moreno engreido como una relación no era necesaria para tener diversion solo para decidir al final que no valía la pena, Diana comenzó a juntar las cosas necesarias para estar cómoda en ese colchon nuevo. No tenia funda, ni nada fuera de ser el colchón, y aunque Diana podia dormir sin eso, prefería no hacerlo. Se había levantado con una sabana encima, así que Diana la busco y tras encontrarla y robarse un cojin de los sofás, se acostó a dormir.

El sueño fue más difícil de conseguir aquella vez. Resultaba que aunque Diana estaba muy cansada, tras haber dormido tanto tiempo ya no tenia sueno. Así que Diana estaba en ese horrendo limbo donde estaba muy agotada para hacer algo, pero no lo suficiente para simplemente perder el conocimiento. Finalmente, tras unas horas y sin darse cuenta, Diana logró encontrarse en el mundo de los sueños, a vivir cualquier extraña fantasía que su mundo decidiera convocar.

Al despertar la mañana siguiente Diana sintió dos potentes fuerzas opuestas pelear en el interior de su cuerpo. Primero que nada su estómago parecía quejarse por tener hambre. Segundo, mas abajo de su estómago sus entrañas estaban en agonía por la necesidad de utilizar el retrete. Haciendo el compromiso de que era más importante deshacerse de las toxinas en su cuerpo, Diana comenzó a buscar el baño en aquel apartamento. Lo encontró fácilmente en el lugar obvio, al fondo a la derecha.

Tras haberse encargado de aquello, Diana se dirigió a la cocina, comenzando a sacar sartenes e ingredientes del refrigerador. “ Dijo que me sintiera como en casa no? Pues si no lo dijo debió y de seguro lo infirió. Así que eso voy a hacer ” En verdad que el tipo solo tenia proteina. De tener que encargarse del Toro de Oro buscaria la forma de reemplazar algo de esa carne con verduras, legumbres, y frutas, pero como no le correspondía simplemente saco las gruesas tiras de tocino y una gran cantidad de huevos. Le tocaba el desayuno, y si quemaba la cocina, Diana siempre podía huir a su “cuarto privado”.
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