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Kallias Abderus

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Kallias Abderus

Mensaje por Kallias el Miér Feb 21, 2018 2:50 am

Kallias Abderus

Edad: 24
País: Grecia
Género: Masculino
Orientación: Heterosexual
Armadura: Escorpio
Elemento: Standard


Técnicas

‣ Scarlett Needle: Técnica principal de Kallias. Consta de 14 primeros ataques que son tal cual picaduras de Escorpión. Infringiendo dolor que va aumentando conforme la cantidad de aguijones recibidos volviéndose algo realmente insoportable si se encuentra ante sus efectos; al mismo tiempo, van afectando los sentidos del enemigo y eliminándolos a partir de la séptima aguja. Al ejecutarlas, Kallias puede o disparar los 14 aguijones juntos o por partes. No obstante, el resultado es el mismo para el cuerpo del enemigo. Sólo cuando utiliza la 14va aguja, el enemigo empieza a desangrarse, deteriorando su condición física. Al atacar con la 15ta aguja llamada Antares , es cuando se da por concluido su ataque, ésta aguja bien podría o llegar a acabar con su enemigo o detener sus hemorragias según la elección de Kallias, ya que es dirigida a su corazón.  
‣ Burning Rage: Kallias acumula su cosmos en sus brazos, elevándolo al punto en el que puede generar energía caliente de éste. Concentrándolo en sus puños, Kallias ejecuta el Burning Rage como una lluvia de golpes a la velocidad de la luz, dirigiéndolo al corazón del oponente. Gracias al calor generado por su cosmos, luego de recibir el golpe es posible sentir como si se tuviese la piel bajo el fuego mismo, sensación que se va dispersando por el cuerpo del enemigo.
‣ Milos Poison: Habilidad que obtuvo durante su estricto entrenamiento. Al ser sometido a las picaduras de distintos Escorpiones que habitan en la Isla Milos, Kallias sufrió en sinfín de ocasiones gracias al poderoso veneno de los arácnidos. Estando al borde de la muerte varias veces, Kallias asimiló tales sustancias hasta que pudo hacerse inmune a ellas. Lo que hace peligroso que otros individuos entren en contacto con su sangre.




Personalidad y Apariencia

Kallias es un joven sencillo, procura mantener un temple tranquilo y sereno la mayor parte del tiempo. No obstante, es un joven que aún mantiene su sentido del humor intacto aún pese al arduo entrenamiento que sostuvo. Es sencillo entablar conversación con él, siempre servicial y atento con quien lo necesite y quien solicite ayuda.
Entomólogo aficionado, Kallias siente apego por los arácnidos a los que fue sometido en su juventud; asimismo para con otras pequeñas criaturas que, considera, son malentendidas por el resto de la gente. Suele dibujar insectos y otros animales en un pequeño cuaderno que carga entre sus ropas, siendo éste un nuevo pasatiempo en el que se sumergió desde su regreso al Santuario.
Hay pocas maneras de quizás alterar al joven santo, pues durante su aprendizaje en la Isla Milos, se hizo de un control total de sus emociones, evitándole ser impulsivo, o dejar que la ira le ciegue en un combate.
Apariencia
Kallias hace honor a su nombre siendo un joven atractivo de facciones limpias, exóticas y finas. Sus ojos delgados y rasgados se alinean con sus cejas gruesas de un color rojo oscuro, así como sus largas pestañas, las cuales enmarcan el azul claro de sus pupilas. De tez aperlada, quizás ligeramente tostada por los entrenamientos en la Isla, crea un contraste con el color anaranjado de sus sedosos cabellos. De sonrisa encantadora, Kallias se presenta como un joven atractivo y carismático.
De hombros y espalda ancha, posee un porte varonil; con cintura y caderas delgadas, piernas largas, tonificadas y fuertes, así como sus brazos enmarcados por los resultados de su entrenamiento inicial. Midiendo casi los 1,90 mts.
Lo más largo que su cabello ha llegado a ser es hasta la media espalda; algunas veces lo ata en una coleta, dejándolo reposar sobre su hombro hacia el frente, y otras lo prefiere corto dejando su nuca despejada. De igual manera, no pasa mucho tiempo para que vuelva a crecer.
Spoiler:


Créditos del autor: Phobso


Historia


Kallias nació en la poblada Ciudad de Rodorio en una familia de clase media. Hijo de un conocido astrónomo y de una ocupada Doctora, Kallias se crio en la calidez de su familia pese a las exigencias de sus trabajos. Al principio su niñez fue tranquila y normal, siendo un chico alegre que gustaba de jugar con quien fuera y de acariciar animales.
Un día, por cuestiones de trabajo Kallias viajó con su padre al extranjero; allá, en un país cuyo nombre nunca pudo volver a recordar, el frío y los terribles sucesos que acontecieron serían lo único que se grabarían en su memoria.
Cuando arribaron a aquella Ciudad, Kallias acompañó a su padre al punto de encuentro con hombres importantes. Todo parecía ser normal, el pequeño infante sólo oía a lo lejos las palabras de aquellos hombres que eran en un idioma ajeno al suyo. Distraído por la enorme chimenea y por el movimiento de las flamas, Kallias ignoró la discusión que comenzaba a suscitarse entre los adultos. Pronto las palabras llegaron a sus oídos cuando alcanzaron un tono por demás alto, pero sobre todo al escuchar la forma tan desesperada en la que su padre le pedía huir de ahí. Sin saber qué hacer al inicio, Kallias sólo pudo ser testigo de la repentina e inesperada explosión que sucedió justo frente a sus ojos.
Siendo lanzado por la fuerza de la explosión y aturdido por la magnitud, Kallias recuperó la consciencia entre las ruinas del local y a manos de uno de aquellos extraños hombres. El hombre herido y con raspones en la cara le sostenía de la chaqueta, aterrorizado Kallias pudo notar que una especie de armadura le vestía y sólo el rojo de las llamas parecía ser el único color que se le reflejaba pese a la negrura del metal, asimismo, pudo notar que el cabello de aquel hombre tenía de pronto mechones que parecían moverse como pequeños tentáculos, en su pecho, cual burbujas, aparecían de pronto una espuma de ojos igual de turquesa que los del hombre.
Fue entonces que, sin aviso, otra explosión sucedió cerca; sin embargo, la luz que ésta emitió fue blanca, cosa que llamó la atención de aquel hombre, lo que le hizo soltar al pequeño niño. Huyendo a los escombros, Kallias se escondió, asomando sólo su cabeza para seguir los movimientos de aquel hombre y fue sólo entonces que vio cómo una hermosa joven surgió de entre aquella energía blanca. Ella también vestía una armadura, pero sus colores eran de un azul claro y en su rostro podía notar gentileza. Sus cabellos, que presumían de un bellísimo color castaño claro, ondeaban suaves con el viento helado.  Parecía que ambas entidades representaban el bien y el mal y ahora estaban a punto de enfrentarse. Pudo presenciar poco de aquel impresionante combate gracias a las explosiones, pero no podía negar que estaba totalmente abstraído por el suceso.
Parecía que nunca terminaría pues ambos lucían estar a la par del otro. Repentinamente la mujer fue lanzada a los escombros en los que Kallias se ocultaba, se le veía herida y agotada, pero la fuerza y valentía que se reflejaba en sus ojos le inspiró la misma intensidad al pequeño niño que ahora trataba de ayudarla a levantarse. Le pidió que luchara, que se levantara e hiciera algo por lo que le hizo a su padre y la joven le miró directo a los ojos. Asintió sin decir nada, sólo con una sonrisa en sus labios y ella se levantó.
Con un solo ataque, el cuerpo de aquel hombre parecía ser consumido hasta desaparecer, por un fuego azul que se antojaba tibio y reconfortante.
Cuando el enemigo pereció, la joven se volvió al pequeño Kallias, cargándolo en sus brazos. Aunque buscaron por algunas horas, no pudieron encontrar restos de su padre, o de alguno de los otros hombres que estaban en aquella reunión.
Sólo entonces, la joven le tranquilizó, prometiéndole llevarlo de nuevo a Grecia.
Así pues, la joven cumplió con su palabra, dejando al niño en su hogar y entregando las fatídicas noticias. Antes de seguir su camino, la joven le pidió esforzarse y que luchara para seguir siendo el niño bueno que era. Le pidió fuerzas para seguir inspirando a los demás a levantarse y a no dejar que su corazón se oscureciera.
Años después, teniendo cerca de doce años, Kallias supo entonces de la Orden de los Santos de Athena y que la joven de aquel entonces pertenecía a tales fuerzas. Inspirado por sus palabras, Kallias quiso saber más de quien le había salvado siendo apenas un niño, y comenzó su búsqueda en Rodorio. Pocas pistas le fueron dadas, pero todas apuntaban a un solo lugar. En su camino hacia el famoso Santuario, un hombre que cargaba una enorme caja en su espalda, le detuvo. Aunque Kallias le insistiera, el hombre no le dejó avanzar pues aquel era un lugar peligroso para un simple niño como él. Entonces le expresó que sólo quería saber de aquella mujer que le había salvado, el hombre procesó la descripción que Kallias le dio, pero le informó que ésta había muerto en el campo de batalla meses atrás.
Fue entonces que, al ver la decepción en sus ojos, el hombre le ofreció algo que cambiaría por completo su vida. Si de verdad deseaba mostrarle su gratitud a aquella mujer, él le ofrecería entrenarlo como Santo de Athena. Sólo si su espíritu resultaba ser tan fuerte como creía, sólo si no dejaba que otros deseos oscuros pudrieran su corazón.
Kallias no estuvo muy seguro de qué responder los primeros días. No deseaba dejar sola a su madre, y hasta ese punto, sus vidas habían continuado con normalidad pese a la gran ausencia de su padre… y sin embargo sentía que algo le faltaba. ¿Sería, quizás esa su respuesta?
Kallias aceptó la oferta de aquel hombre que luego descubrió era un Santo Dorado, quienes se decían eran de los más fuertes de la Orden de Santos. El lugar donde entrenaría, era sin duda inesperado. La Isla Milos sería su hogar por los siguientes años hasta que fuera capaz de valerse por sí mismo y tuviera la fuerza suficiente para ganarse el derecho de pelear por una armadura en el Santuario.
El entrenamiento fue sin dudas duro. Las condiciones de la propia Isla eran terribles no sólo por el calor ni los barrancos, si no por los mismos escorpiones que la habitaban, mismos que pronto se volverían uno con el joven aprendiz.
Absorbiendo su letal veneno, Kallias vio la muerte de cerca en más de una ocasión. Asimilando la sustancia y poco a poco aprendiendo el control sobre su cosmos, Kallias demostró grandísimo potencial. Su maestro era duro, intransigente y exigente, por lo que sólo en pocas ocasiones logró ayudarle a superar los obstáculos de sus entrenamientos, y sin embargo le estimaba.
Un día, siendo lentamente consumido por el veneno de los escorpiones, Kallias perecía lentamente entre unos arbustos secos, a pesar de llevar varios años, en ello, parecía que el veneno había sido más fuerte esta vez, por lo que le costaba siquiera enfocar la mirada.  Escuchó una vez más los gritos de los cuervos y sus aleteos, pero éstos parecían extrañamente diferentes. Pronto vio que una silueta blanca arremetía contra unos escorpiones que estaban cerca y los que le habían picado momentos antes. El constante ruido parecía haber sido suficiente para atraer a su maestro hacia donde estaba y Kallias sólo pudo sentir que era levantado por él, más su atención estaba sobre aquel cuervo albino que devoraba a los escorpiones, y fue entonces cuando se desmayó.
Recobrándose cuando ya había caído la noche, Kallias volvió a escuchar a un cuervo cerca, notando que éste estaba postrado sobre la ventana de la pequeña casa en la que vivía con su maestro.
Desde aquella vez, Margo comenzó a acompañar a Kallias en su camino, volviéndose más que una simple mascota.
En el último día de su entrenamiento, Kallias tuvo que enfrentarse a su maestro. Debía demostrar que había llegado al punto necesario para enfrentársele y poder abrirse un camino en el Santuario ya como un Aprendiz a Caballero oficial y clamar por una sagrada vestimenta. La pelea fue bastante dura, pensó por algún momento que todo había sido para nada pues la diferencia entre él y su maestro seguía siendo abismal. Con sólo su cosmos y su fuerza Kallias le tuvo que hacer frente, siendo torturado por la técnica maestra de su maestro, y la que sería su última enseñanza: Scarlett Needle.
Manteniéndose firme a sus creencias, y no dejándose derrotar por sus desalentadoras palabras, Kallias soportó el dolor de aquella técnica. Aún y cuando había perdido todos sus sentidos, no desistió. Reconociendo su fuerza, su maestro lanzó un último ataque y poco a poco el dolor volvió a su cuerpo, así como sus sentidos, pero era un dolor que se sentía agradable pues le hacía saber que seguía vivo. Aquella sería parte del legado de su maestro. Una técnica que ahora le tocaba a él dominar.
Poco antes de que pudiera partir de regreso a Rodorio, su Maestro desapareció una mañana de la Isla Milos por razones que siempre desconoció.  No había dejado una sola pista y no se le encontraba por ningún lado, así como tampoco era posible percibir su presencia. Nuevamente, alguien salía de su vida sin dejar indicios, pero esperaba que al menos a él le pudiera ver una última vez.

Así pues, y armado con confianza y determinación, Kallias emprendió su viaje de regreso a su tierra natal para presentarse en el Santuario como Aprendiz a Santo.

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