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Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

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Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Sloth Slicer el Sáb Sep 03, 2016 11:16 pm

Escombros de antiguas glorias se hacían presentes a las afueras de la ciudad, desde aquella oscuridad infinita que cubría por completo el sitio aquella noche solo las luces lejanas donde los humanos se encontraban eran visibles, mármol gastado y columnas de estilo jónico se hacían presentes en aquel lugar desolado, sin embargo en el centro del mismo u árbol enorme de granadas permanecía de pie pese a los siglos. Aquel lugar era el antiguo templo de la reina del inframundo en la tierra y el fruto de aquel árbol era la señal de su condena eterna, según el mito en su huida del inframundo la diosa Perséfone habría sido engañada por Hades pues en su camino al mundo de los vivos y su travesía por el inframundo no debía consumir alimento alguno…

-Sin embargo por voluntad o por engaño la joven hija de Demeter consumió seis semillas de granada, y por lo tanto condenada quedo a volver con el señor del inframundo un mes por cada semilla consumida.- Habló de manera calma una profunda voz solitaria en aquel viejo lugar, sus ojos se alzaron entonces a aquel árbol y específicamente a un fruto creciendo en el mismo, - y si yo estoy aquí es porque ella lo estará también- anunció con desdén y sus ojos volvieron a observar a la ciudad, sabía que no estaba solo, que no era el único, siete eran los encargados de vigilar a la diosa, de asegurar que nada le pasara mientras estuviera en la tierra y que nada le perturbara mientras se encontraba de vuelta con el señor Hades, un amplió bostezo fue dado entonces por aquella figura y llenó el lugar con aquel cansado sonido.

-Todos llegan tarde y yo soy el perezoso- profirió con desenfado antes de que sus espaldas terminaran por acomodarse contra el tronco de aquel árbol, sentía el llamado de su diosa y sentía la presencia de los otros, ni siquiera sabía en qué momento había despertado pero tenía claro que ese era su lugar pese a aquella sensación de hartazgo que el mundo generaba lo único que realmente tenía en mente era eso, que su deber era aguardar a la diosa y esperar al resto de los suyos, nuevamente un bostezó fue dado por aquella figura que pese a la oscuridad y solo gracias a las estrellas y luna se alcanzaría a ver el claro color de su cabello en contraste con el oscuro color de la coraza que portaba, el señor de la pereza, la desidia, la tristeza y la postergación, uno de los siete males que condenan el alma humana y que por lo mismo era también uno de los siete guerreros encargados de proteger la joya de la corona del inframundo.

-Seis semillas de granada- anunció levantando una de aquellas frutas para romper la misma a la mitad, tomaría entonces una de aquellas dulces frutas en su boca sintiendo el sabor del mismo, -Y un més cada año por el resto de la eternidad fue condenada… No estoy muy seguro si fue gula, o lujuria lo que provocó tal estupidez, pero no solo se condenó ella, también nos condenó a nosotros,- gruño con desdén con la confianza de estar solo, no era desleal a su diosa simplemente el hartazgo de su destino hacía que el Lord de la pereza se expresara de aquella forma, -Es realmente molesto el tener que esperarlos, ni siquiera me interesa verlos, vamos ya aparezcan que si Perséfone aparece antes entonces estaremos en problemas de verdad- reclamó lanzando la fruta y un largo suspiro pues aquellos guerreros tan peculiares eran, carceleros, protectores y condenados al destino y servicio de su diosa.
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Re: Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Agatha Martell el Dom Sep 04, 2016 12:05 am

No lograba ignorar su mente alborotada. Bullía con información, bullía con recuerdos… bullía con sentimientos molestos que la estaban volviendo loca. De vez en cuando apretaba las mandíbulas con más fuerza de la cuenta, los músculos del cuello se le tensaban y la presión bajaba por su cuerpo hsta concentrarse en su mano izquierda, la cual apretaba el mango de su espada como si quisiera comprimirlo hasta hacerlo desaparecer.

Había despertado en un torbellino de ira. No sabía ni donde ni cuando… nada más había sentido el llamado y cuando se dio cuenta volvía a tener los ojos abiertos, a percibir el mundo. Finalmente su alma se había apoderado del cuerpo que se le había otorgado para reencarnar y, aunque la libertad era embriagadora y satisfactoria, el proceso de recobrar su consciencia siempre era tedioso, incómodo y terriblemente molesto… Sus ropas aun mostraban manchas de su último arranque de furia y sus extremidades aun aclamaban a gritos un poco más de violencia. Pero debía controlarlo… debía controlarse y concentrarse.

Ira ascendía lentamente, como si a aquella velocidad pudiera asegurar de que los turbios arranques que la amenazaban se mantuvieran a raya. –Lady Perséfone… -Susurró para recordarse su cometido en la tierra... su misión para con su diosa y señora.

Finalmente llegó al templo deruido y las memorias míticas confirmaron una vez más su despertar y su libertad. Fue entonces que un movimiento veloz activó sus sentidos. Con increíble velocidad su mano atrapó un objeto dirigido hacia ella. Al contemplarlo entre sus dedos descubrió que se trataba de una fruta… del árbol de granada. El mismo que en esos momento los invocaba y ahora los guíaba para finalmente reunirlos.

-Espero no haya sido una ofensiva intensionada…
-Dijo con ingenuidad contradictoria mientras lentamente comenzaba a surgir de entre las sombras. Su rostro mostraba una sonrisa suave, su mirada era casi alegre… aunque su mirada era gélida y su mano seguía queriendo destrozar el arma que tenía al cinto. Fue sin embargo la derecha la que terminó por cerrarse de forma violenta alrededor del fruto, despedazándolo y provocando que el zumo se escurriera entre sus dedos. –Pereza… -Dijo finalmente.

Era el único presente… sentía el cosmo del resto, pero no los podía ver aun. Aquello fue una punzada más de furia para alimentar el fuego. Ella no tenía paciencia y eso lo sabían todos. -¿Dónde está el resto? –Dijo manteniendo la sonrisa y evitando así que su voz surgiera afectada por la evidente molestia que sentía.
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Re: Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Sean Austerlitz el Dom Sep 04, 2016 10:00 pm

No creía que volvería a ver ese lugar tan pronto. El templo de Perséfone siempre despertaba recuerdos dolorosos para Lujuria en cada nueva encarnación, ya que cada vez que lo veía recordaba el ciclo interminable al cual eran sometidos él y sus compañeros. No se quejaba de su destino, lo había aceptado con el tiempo, incluso había llegado a ver el lado positivo: cada nueva vida podía obtener un cuerpo joven para vivir entre los mortales y disfrutar de su libertad. –Me pregunto si algún día todo va a terminar- se preguntó con las manos metidas en los bolsillos de su gabardina. Estaba vestido con un pantalón negro, una gabardina purpura y un pañuelo rojo alrededor de su cuello. Desabotonó los primeros botones de su camisa y de la gabardina para dejar su pecho descubierto. Amaba sentir el viento nocturno recorrer su piel, juguetear con su cabello e inundar sus pulmones. Caminó con tranquilidad a través de las ruinas, imaginando épocas mejores, cuando ese templo estaba cubierto con las flores más hermosas.

-Tonto, sabes que esos días nunca van a regresar. Ya no vivas en el pasado- se dijo a sí mismo, sonriendo apaciblemente. Estar en las ruinas era como dar un paseo por el jardín de las memorias. Podía sentir a sus compañeros llamándolo. Acudió a las ruinas porque sintió una fluctuación de energía sobre el cielo de la ciudad, la misma energía que se liberaba cuando los pecados despertaban.  

Encontró a pereza y a Ira congregados alrededor del árbol de granada. Aunque sus rostros eran diferentes, para lujuria eran los mismos de siempre. El exterior podía cambiar, pero por dentro siempre serían los mismos.-Ira, controla tu temperamento- sus pasos resonaron sobre el mármol mientras la luz de la luna develaba su figura. Sonrió para sus compañeros.-Siempre es un placer volver a verlos. Trabajaremos juntos para proteger a Perséfone de ahora en adelante, tal como lo hacemos en cada encarnación- dijo mientras se acercaba al árbol de granada y saludaba personalmente a Pereza estrechando su mano. Lo habría hecho con Ira también pero no quería perder la mano en uno de los ataques de furia de su compañera, especialmente porque estaba equipada con una espada. No era bueno molestar a ira cuando portaba armas.
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Re: Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Leah Austerlitz el Lun Sep 05, 2016 1:39 am

Ausencia de una noche estrellada, en la lejanía se destacaba una pequeña y frágil figura que vigía observaba el horizonte. Los orbes de la doncella se nublaron en cristal con los colores que el cielo proyectaba errático…

Desde su última incursión por despertar al resto de sus hermanos se había mantenido errante puesto que el recipiente de Lujuria le había causado problemas descomunales a diferencia de los demás pecados. No obstante, esa noche una congregación se alzaría para renovar sus votos, justificar su creación en protección de lo único más preciado para el rey del Inframundo. La cabellera platina se agitó hondeando por la intervención del viento, traía consigo un dulce aroma que tentaba el seguir su camino, no podía ignorarlo. Atrapada bajo ese sentido resistió, elevó su cosmos contando a los integrantes que ya se habían reunido. Solo tres presencias se registraban dentro su lectura.

Conteniendo su aliento la fémina daba media vuelta, descendió en precaución ya que un laberinto se formaba en simulación de la travesía que en antaño Perséfone ejerció antes de ser engañada. Mientras tanto el Orgullo se enfocaba en enfocar sus nuevos objetivos, Hades les había encomendado la tarea de proteger solo a su consorte, ¿pero era todo para lo que en verdad valían?

¿Lealtad hacia Perséfone, o a aquel que les encomendó la misión de proteger a la diosa? Sosegada por la duda frunció el ceño, la dulzura que el aire llevaba impregnado revoloteaba en su verdadera naturaleza clamando un nuevo orden. Pasaron unos minutos, la joven elevó a su alrededor un espejismo que evitaría que invitados indeseados que no fueran los pecados se acercaran, al presentarse escucharía un posible altercado.
Dando un vistazo fugaz los orbes de la peliplateada registraron el arma que Ira mantenía en su cadera, después volvió su vista hacia Pereza, ignoró por completo a Lujuria. – Después de tanto tiempo en letargo… estamos juntos, una era más. – Era inusual que la fémina respondiera en halago tras ver rostros o mejor dicho.. rodearse de presencias tan familiares. – Pereza, Ira… Lujuria..

Cabizbaja retornaría su mirada ante el trío que se situaba en diferentes puntos. – Ustedes son los únicos que han despertado en su totalidad, el resto aún se mantiene en las sombras, pronto retomaré la búsqueda de ir por ellos y traerlos de vuelta en este milenio. – Los orbes de la mujer centellearon en una determinación que provocaría una loable intimidación. – Como sabrán el fruto de este árbol ha germinado por una razón y eso es debido a que Perséfone está aquí anunciando su llegada a la Tierra, nosotros haciendo pie a nuestro juramento les he llamado, necesito busquen a nuestra deidad.

Sin gesticular ningún tipo de expresión sus palabras marcaban una orden que designaba al resto en una tarea que podría parecer imposible para los mortales, pero ellos eran demonios. – Por designios de Hades.. protegerla es nuestra prioridad, más antes de su partida intuyendo que tanto Ira y Pereza apenas se han unido debo de preguntar… ¿qué tanto de la humanidad de sus recipientes sigue presente?, el sello de las almas es una tarea de la que el rey del Inframundo se encarga, pero desde la última guerra santa las cosas son diferentes, si es así yo tomaré los corazones de sus receptáculos.
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Re: Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Leonard el Lun Sep 05, 2016 10:17 pm

¿Crees tú en el destino? Aquel que dicen es capaz de unir a las personas inclusive cuando son de polos opuestos. Pues es algo ridículo si me preguntas, entes con mentalidades diferentes nunca tendrán la oportunidad de relacionarse solo porque una fuerza imaginaria con nombre así lo decida. Se necesita más que simple casualidad para que personalidades puedan convivir y enlazarse como un conjunto, se debe de poseer un raciocinio similar al menos para que esto pueda acontecer como es debido, en situaciones como esas si es permitido creer en la eventualidad, sin embargo, a veces hay algo más detrás de todo esto e incluso intereses comunes pueden unir a las personas... ¿No?

Oscuridad, tan profunda como la del mismo vacío, entre todas aquellas tinieblas lo único que iluminaba un poco aquella área la esencia de una pequeña alma que palpitaba a un ritmo lento y suave. Su tamaño diminuto simbolizaba su desconfianza y aprensión, con un temor a enfrentar la vida y sin nadie que pudiera apoyarle para salir adelante, poco a poco sus problemas fueron devorando su espíritu como una manada de lobos hambrientos. La forma en que resonaba eran una seña de inseguridad, repleto de una gran cantidad de pavor por sobresalir o ser notado por los demás, ya que de allí saldría un miedo aún más grande, el miedo a ser juzgado. Tal vez la muerte fue lo mejor que pudo haberle pasado al desgraciado dueño de aquella alma desamparada, pero el destino aún tenía planes con ese extracto de vida, por lo que aún no podía permitirse desaparecer.

Una forma física empezó a envolver aquel espíritu, tomando el aspecto de un muchacho joven, de piel pálida y cabellos violáceos. Primero comenzó siendo de una forma espectral, hasta que tomó una forma mucho más humana y tangible. Este cuerpo se mantenía flotando en aquel espacio oscuro, no se movía ni un centímetro, y tampoco parecía estar muy vivo. — Debo ser el más fuerte... — Este pensamiento empezó a dar vueltas más de una vez en la cabeza de aquel ser, asimismo, la idea resonó en el vacío profundo como un eterno eco. Sin embargo, luego de un pequeño rato se detuvo, en ese momento se empezaron a escuchar otras voces en aquel espacio vacío, irritaban al ente de tal manera que este comenzó a temblar y a tensarse. — Descarados.. ¿Cómo se atreven? — De repente una gran luz se mostró delante de la presencia de aquel varón, fue allí cuando este abrió sus ojos, de manera lenta para acostumbrarse a aquella claridad, el simple hecho de presenciar aquella luz le hizo comprender todo, esa había sido la seña que estaba esperando todo ese tiempo. Súbitamente, su existencia fue lanzada a la realidad con un soplido del destino.

¿Cómo pueden empezar todo esto y olvidarse de mí? — Al principio, aquellas palabras podrían parecer haber salido de la nada, sin embargo, un instante después de haber sido pronunciadas, su auto comenzaría salir desde la corteza del árbol que se encontraba en aquellas ruinas, quebrando el mismo desde dentro como si de una cáscara se tratase, aunque en realidad parecía más como si una serpiente estuviese mudando su piel para volver a nacer. Ya libre completamente, este estiró todo su cuerpo y luego comenzó a observar a cada uno de sus compañeros presentes en la zona. — Ahora es cuando la verdadera fiesta comienza. — Musito mientras mostraba una sonrisa ácida y punzante, no lo hacía con pura intención -En verdad sí-, pero es como si con esa sonrisa se burlará de todos los allí presentes, sin contar que les miraba con aquellos ojos que solo la Envidia poseía, esa mirada aguda que analizaba toda cualidad y pertenencia de sus compañeros, y a la vez ansiaba cada una de esas cosas.
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Re: Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Sloth Slicer el Lun Sep 05, 2016 11:18 pm

Lo sabía, tenía esa sensación en el pecho desde el momento en el cual sus pies se encontraron en el sagrado suelo del templo de la reina del inframundo, no estaba solo y si bien aquello causaba cierto alivio a la carga del señor del pecado de la Pereza también significaba que su más grande carga estaba por regresar a ellos, inhalo entonces con tranquilidad ignorando los arrebatos de los recién llegado, primero como lo esperaba sería Ira, siempre habría sido el pecado más activo tan inherente a la naturaleza humana y tan contraría a si mismo que no podía evitar sentir cansancio ante su actitud agresiva, bostezó como único saludo a su compañera, sin embargo tenía perfecto conocimiento de que no estaba sola.

“No hay tiempo para esto” razonó para si mismo al tiempo que levantaba poco a poco su cuerpo poniéndose de vuelta de pie bajo el tronco de aquel árbol, es verdad, era conocido por ser el mas tranquilo y más calmo de los pecados pero no por ello rayaba en la irresponsabilidad, una segunda voz provocó que su atención cambiara antes de que siquiera se dignara a responder a las palabras de Ira, no conocía el rostro del extraño pero sabía perfectamente de quien se trataba, encantador hasta el punto del hartazgo, el pecado de la Lujuria se hacía presente en las ruinas del templo de Perséfone, de forma amable y extraña aquel cuerpo saludaba, y por mera educación el de grises cabellos y oscura armadura respondería a su saludo para tras ello inhalar aire y pensar con cuidado las palabras que debía decir.

-No esperaba que llegaran antes, tampoco me interesaba si lo hacían, lo único que me parece imperdonable es que yo tenga que esperarlos, soy el que menos interés tiene en ver sus caras, como si la eternidad no fuera suficiente- completó con serena voz y cortante tono, un escalofrío recorrió su espalda ante la siguiente presencia, la conocía la soberbia, con un rostro angelical y un tono helado se presentaba aquella noche, trago saliva entonces pues en aquel momento quedaba claro que la presión en el pecho que sentía y el árbol ahí presentes no se equivocaba, había cuatro de ellos reunidos, los carceleros de la hija de Demeter, de la consorte de Hades y sin duda si ellos estaban ahí, no habría duda que tanto como la mujer del inframundo como posiblemente su señor estarían despiertos pronto.

-Orgullo- refunfuño como respuesta a la mujer, mantuvo un rostro neutro y enarcó con desdén una de sus cejas escuchando la voz de esta, casi terminaba por proferir una risa ante la extraña pregunta de su igual sin embargo se contuvo, era un pecado después de todo y si bien era ajeno a lo trivial y no había algo que lo motivara realmente no era para nada menor en soberbia o rango a sus compañeros. –Das por sentado que tu poder es superior al nuestro, eso me causa aburrimiento, mi recipiente humano no es más que eso, soy el señor de la pereza, es natural que el alma bajo mi control este adormecida y perdida en la Ciénega del inframundo perdido por siempre en la conformidad y el olvido.- proclamó con seguridad antes de dar un bostezo de hartazgo, aquellos delante de si eran sus compañeros de condena y de armas y por más que él se esforzara por encontrar algo más en ellos no había tal…

-Pero no estamos solos, hay uno más- Dijo con ese tono dulce, somnoliento mientras su mirada giraba entonces al recién llegado, bastaba ver la mirada de aquel cuerpo humano para entender quien le había poseído, -tú también estas despierto- dijo sin interés y volteó de vuelta a donde Orgullo, el recién llegado era envidia, cinco de los encargados de proteger a Perséfone estaban de pie, no había duda que la diosa del inframundo regresaría a la tierra, y si ella estaba ahí la tierra sonreiría pues era hija de Deméter, sin embargo aquella presencia antigua era la esposa de Hades y quizá había una cuenta pendiente que cobrar a la humanidad por la derrota de su consorte a manos de ella y la rebelión de la misma contra los dioses que les crearon… -¿Y qué haremos ahora?, porque no creo que si estamos reunidos aquí sea únicamente por el “placer” de verlos, seguramente habrá alguna tontería más que hacer- dijo finalmente soltando otro suspiro de pesadez, y dirigiendo una mirada a los otros cuatro presentes, las tentaciones del ser humano, los vigías de Perséfone que esperaban ansiosos su regreso.
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Re: Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Agatha Martell el Mar Sep 06, 2016 6:01 pm

Uno a uno fueron surgiendo de entre las sombras. Pereza había sido el primero en llegar, al único que había encontrado cuando ella había alcanzado finalmente las ruinas. Creía que tendrían que esperar mucho… que estaría atada a la molesta presencia del peliblanco, a su expresión desganada que tanto deseaba golpear… pero Lujuria no tardó en aparecer también. Su paso desenvuelto y relajado representaba la simbólica personalidad de su pecado y contrastaba con la tensión que parecía dominarla a ella.. Su saludo cínico fue además un recordatorio de su constante martirio. Contrólate… Que se lo dijera él mientras ella llevaba poco más de una semana intentando evitar la autodestrucción, sólo provocaba aun más su ira… En vez de responder, sólo le dedicó una sonrisa mordaz, acompañada de una mirada enigmática pero a la vez amenazante. Hasta hablar le producía inseguridad… el esfuerzo podría desmoronar su concentración.

Orgullo fue la siguiente en hacer acto de presencia. Su frialdad contrastaba con el resto, y su aire de superioridad era inconfundible. Hablaba… ¿Por qué hablaban tanto…? Aferró más al arma, hasta que sus nudillos se tornaron blancos, mientras que inconscientemente se llevaba la mano libre a su rostro como si intentara controlar una violenta migraña. Tanta palabrería la desesperaba… Sólo la hacían perder el tiempo y la paciencia… y bien sabían que ella no tenía suficiente. Pero entonces algo llamó su atención... Orgullo hablaba de liberarla de aquel proceso de aclimatización. A ella era a la que más le costaba… la que más lo sufría. El torbellino de sentimientos que representaba un alma humana  la desesperaban en exceso, era insoportable e insufrible y su volatilidad ocasionaba que siempre fuera la última en poder deshacerse por completo de su humanidad.

Su respiración volvía a parecer agitada, su mirada ahora tenía un brillo desquiciado. Estaba llegando a su límite… -Orgullo… -Dijo en un murmullo siseante y peligroso. Iba a continuar con su petición, exigirle que hiciera desaparecer a aquel molesto ente que tanto la incomodaba… cuando una quinta presencia apareció entre ellos. Envidia… con su expresión de insolencia infantil y desagradable deseo.

La conversación continuó. Pereza había desviado nuevamente la atención y las palabras de Orgullo parecieron disolverse. Pero ella necesitaba que la liberara de aquella tormenta. Todo sería más sencillo, se ahorraría tanto tiempo y energía… podría controlar su furia, tenerla a su merced y no ser su esclava. Silencio… cállense… No escuchaba lo que decían, no le interesaba… sus voces eran un barullo incesante… Su mente intentaba aferrarse a la idea de ser libre… pero era demasiado tarde.

Explotó.

-¡Silencio! –No fue un grito, pero si una amenza fuerte y contundente que cortó la noche. Su mano soltó entonces el mango de su espada, cerrándose en un puño y estrellándose contra el pilar a su alcance. Un crujido se expandió rápidamente y segundos depués los viejos bloques de marmol se estrellaban contra el suelo y a su alrededor. El estruendo destruyó el silencio de la oscuridad y quedó aun flotando momentos después… Respiraba con dificultad, sus ojos eran piedras duras, gélidas… su sonrisa había desaparecido. –Orgullo… sácama esta molestia de una vez… -Era casi una orden, aunque el suplicio implícito era evidente también… -Ahora…
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Re: Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Sean Austerlitz el Miér Sep 07, 2016 1:18 am

Hablo / Pensamiento

Como siempre las reuniones de los pecados eran todo menos aburridas. A veces Sean se preguntaba para qué se molestaban en aparecer todos en el mismo lugar, era evidente que todos ellos eran diferentes y que no iban a estar de acuerdo. De hecho, presumiblemente estar de acuerdo en no estar de acuerdo era lo único en lo que congeniaban a veces.  –Es obvio lo que nos reúne aquí, Pereza- respondió Sean antes de que Envidia hiciera su aparición. No estaba al tanto de su presencia hasta ese momento. Él era como una serpiente escurridiza que se escapaba de su radar. Se limitó a sonreír, mostrando un semblante calmo y sereno.

-No nos hemos olvidado de ti… no podría aunque quisiera, envidia- dijo con esa sonrisa y porte caballeroso que lo distinguían.

Cuando Leah apareció quiso darle un coscorrón en la cabeza al sentir que ésta no le estaba prestando atención. ¿Cómo podía hacer eso? Si había algo que no le gustaba a Lujuria era que la persona que le importaba no lo viera con ojos de deseo. Era, quizá, su único defecto: molestarse por no ser atractivo para la persona que despertaba su fascinación. Intentó controlarse, actuando como si nada pasara, aunque, en el fondo, sabía que eso no era necesario: los otros pecados estaban demasiado ensimismados con sus propios asuntos como para prestarle atención a él, y eso era algo que en parte agradecía. No quería hacer una escena tan temprano.

Se apoyó de espaldas contra un pilar con los brazos cruzados y escuchó a Orgullo a hablar. No le molestaba que se proclamara como alguien superior, ya que eso le quitaba trabajo a él. Prefería seguir órdenes en lugar de darlas desde los tiempos mitológicos.

-Perséfone… ¿Dónde estás? Juré que te protegería siempre sin importar las consecuencias. Mi princesa…- el pecado observó el árbol de granada, desatendiendo la reunión mientras pensaba en su amada diosa. Prometió que estaría con ella siempre, incluso cuando ésta descendió a los infiernos, siguiéndola usando la piel de un pecado y la acompañándola en sus horas más oscuras.
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Re: Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Leah Austerlitz el Miér Sep 07, 2016 2:10 am

Determinante su voz tenue era elevada sin ningún esfuerzo, no obstante, hubo una singular intervención por parte de su hermano la Pereza que mostrando una latente inconformidad se expresaba. Gradualmente la faz angelical giró hacia el hombre que bajo la granada desdeñaba en despectivas palabras su posición, aquello era más que suficiente para herir su susceptibilidad endemoniada, aunque en una siniestra calma se rodearía de su cosmos indiferente. – Yo jamás doy por sentado que mis habilidades sean mayores que las suyas hermanos míos, más si deseas pelear por un puesto me tienes aquí, arrebátamelo. – Intransigente arrojaba un descarado desafío en presencia del resto.

Contradiciendo su verdadera naturaleza en el fondo la sola idea de ser desplazada amenazaba con desquiciarla, demostraría porque su importancia no debería ser irrelevante. Abruptamente el árbol de granada se resquebraja ante la pequeña comunión que se desafiaba entre sí, una vez más eclipsada por la sorpresa volvería a apagarse sosegada en la calma emprendiendo unos pasos arrodillándose al nivel de Envidia sosteniéndole de las manos. – Te demoraste. – Reanudó su charla no sin antes acariciar los mechones violáceos de ese ser que tratando de adoptar una apariencia humana se adaptaba a esta dimensión. Aquello le inquietaba, ¿por qué elegiría envidia mostrar su verdadera forma y no la posesión de un cuerpo humano?, no tenía absoluto sentido, el riesgo del peligro inclusive era mucho mayor era una regla general, aunque respetaría su voluntad si deseaba incursionar en semejante destino.

La perspicacia y sagacidad con la que Pereza se caracterizaba a pesar de su taciturna actitud dedujo de inmediato que Orgullo no los había llamado por nada, no obstante, Ira estallaba en cólera silenciando al resto. La mujer de platina cabellera ignoró la presuntuosa orden desdichada de la portadora de la furia ciega, continuó acariciando los pómulos del pecado naciente. – Que así sea. – Irguiendo su postura abandonó a su hermano dando una sutil vuelta, extendiendo su diestra la silueta de la mujer se esfumó, pero en un segundo se hallaba en otro punto atravesando el pecho de la pelirosa justo a la altura de su corazón. – Erradica, Narciso. – No estaba sangrando, parte del torso de la contraria se había cristalizado en la forma de un espejo, el método de Orgullo fue totalmente agresivo aunque tratándose de alguien tan volátil como era su hermana debía enfrentarse con todas sus fuerzas si era necesario. En una loable demostración retiró su puño conteniendo en la palma de su mano una suave llama que palpitaba viva, se trataba del alma que eligió como recipiente su compañera. – ¿Satisfecha? – La trampa de su pregunta hizo que la voluntad de la mujer de orbes de cristal refulgiera devorando por ella el alma de tan débil luz.

”Innecesario, repetir el mismo ciclo.” – Se fugaba un pensamiento cuando se relamía los labios tras ese rastro de sabor amargo, ahora se percataba que la influencia de sus hermanos se apoderaban y a la vez contrarrestaban tales sentimientos contraproducentes, nocivos para un mortal. – Tienes razón, aunque no pretenderé arrastrarte para utilizarte en una causa que no te interesa, cada uno de ustedes es libre, al igual de poder desafiarme y arrebatarme el lugar que poseo al encabezar nuestro singular grupo. Pero sabrán, la ausencia de los Olímpicos es latente, los dioses no nos crearon ya que no somos los demonios que Pandora en su ingenuidad liberó de la caja conferida por Zeus, somos algo más que eso, el estallido de las guerras siempre se ha visto influenciada por nuestra causa a favor de los dioses a cambio de nada… ha llegado la hora de volver a tomar lo que nos pertenece. – Las palabras de la mujer desafiaban una realidad que solo voluntades vulnerables no se atrevían a someterse, el silencio se manifestó cuando decidió apagar su cosmos, restándole el impacto que necesitaba para convencerles.

Una rebelión, a pesar de que su energía era alimentada por una maldita abnegación hacia Hades la insinuación de apropiarse de la Tierra solo rasgaba superficialmente uno de sus más anhelados objetivos. En una calma escalofriante Orgullo retiraría su capa portando vanidosa su armadura resaltando su figura de una manera que podría embelesar la vista del corazón más helado. Utilizando una artimaña que sosegaba a su audiencia. – Sin embargo, para traer de vuelta a Perséfone a nuestro lado se me ha comunicado que es posible a través de la cacería de reliquias sagradas, aquellas con las que cada reino conocido obtiene una ventaja cada vez que se desata una Guerra Santa, no será sencillo, y el tiempo esta en nuestra contra puesto que a veces debe transcurrir lapsos de siglos o milenios para su obtención, para ello necesito el Ojo del Cíclope, es un orbe que ayuda no solo leer el futuro sino convertir a su portador en un Oráculo,  con ello podría establecer contacto directo hacia la hija de Deméter canalizando su alma y depositarla finalmente en un cuerpo apropiado para que sea resucitada. En otras palabras, este es el único medio en la que yo puedo traerla de vuelta.
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Re: Las semillas de Granada [Afueras de la Ciudad, ruinas del templo de Perséfone... Exclusivo Señores de los Pecados]

Mensaje por Leonard el Vie Sep 09, 2016 9:45 pm

La entrada de nuestro joven de cabello malva no pareció impresionar a ninguno de los pecados presentes allí. Esto no fue de su agrado en lo absoluto, por lo que se cruzó de brazos e hizo un puchero cual niño al que no le compras lo que quiere. Esta era una de las características que lo volvían el representante del pecado de la Envidia, ese lado infantil combinado con una actitud ácida y punzante, además de una pizca de sadismo y descaro que completaban el paquete de un completo ambicioso por el poder, pero eso no era lo único, no se conformaría con solo obtener fuerza, quería llegar más allá, era necesario que aplastará física y psicologicamente como una manera de reforzar su propia estima y confianza.

Por un buen rato, todo eran puras palabrerías que no importaban para nada al de piel pálida y aspecto enfermizo, debido a esto se propuso a analizar los nuevos cuerpos recipientes de sus "compañeros", si es que así podían ser llamados. Con una mirada fría de talante analítico comenzó a observar a cada uno de los presentes en aquella área, los miraba de arriba a abajo, podía percibir sus auras y su Cosmos, gracias a esto una sonrisa de formó en su rostro, ya que llego a comprender que ellos seguían siendo los mismos, sólo que con otros cuerpos. Cada detalle, cada curva y cada aspecto de aquellos cuerpos quedaba grabado en su mente como si fuese escrito por tinta allí. Esto era una habilidad que tal vez pareciera enfermiza y deplorable a ojos de los demás, sin embargo, gracias a esta habilidad es que nuestro joven alemán puede comparar su poderío con el de los otros pecados.

Después de una larga conversación y una situación que a Leonard muy poco le importaba, al fin la efigie del Orgullo comenzaba a dialogar sobre cosas que sí podrían importarle. Aquella fémina era la única a la que él respetaba, aunque aquel respeto sólo era una envidia enorme acumulada, debido a que ella era todo lo contrario a su persona, confidente, indudable e inexpugnable, siendo un completo polo opuesto del muchacho de orbes violáceos. Por dichas razones, este centró su completa atención en lo que dicha hembra manifestaba. Su interés fue capturado en el momento en que se mencionaron a las reliquias sagradas, aquellas herramientas que habían sido dotadas de poderes divinos provenientes de los mismos Dioses. Su imaginación entró en juego, fueron miles las cosas que se imaginó haciendo si llegaban a obtener todas las reliquias, pero en lo que más se concentró al pensar en ello fue el sufrimiento que causaría a sus poseedores al arrebatársela si que estos pudieran hacer nada, era un sentimiento pervertido y depravado que comenzaba a inundar su mente. — Si... Las reliquias sagradas, con sólo pensar el poder que llevan, sin contar lo excitante que será ver los rostros de aquellos a quienes se las arrebatemos. Me hace vibrar por dentro, ya quiero que empiece. — Mencionó en un tono frívolo y siniestro, se podía agarrar con las manos la ansiedad que desprendían sus palabras, esto y aquella sonrisa ambiciosa que ahora relucía en su rostro eran una seña muy notable de su personalidad siniestra y descarada, esa que tanto amaba mostrar.
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