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Let the Right One In

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Let the Right One In

Mensaje por Rintaro el Mar Nov 15, 2016 6:16 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Habían pasado meses ya. Tras acabar con el entrenamiento y de paso con la vida de su maestro, algunas cosas habían cambiado - entre esas el sitio donde se encontraba. Tras salir de Osaka tomó trenes, barcos y caminó kilómetros, millas y creía, más de un ri para llegar al destino final que le había indicado Mugen en sus lecciones: un punto perdido en Grecia que pocas personas eran capaces de encontrar de manera tan vaga, el Santuario de Athena. O al menos había llegado a sus inmediaciones, ya que eso le decía su instinto.

Al preguntar, usando lo poco de griego que podía mascullar con la guía lingüística que había comprado antes de salir de su país, lo confirmó. El sitio donde se paraba era llamado Ro...Ru...Ludorio, o algo por el estilo. Todavía no captaba el truco para diferenciar Rs de Ls, así que no podía dar un veredicto final al respecto. Fuera como fuera, el Santuario era la montaña divisable desde allí; alta, lejana y con la copa envuelta en nubes tenues, lo que le quedaba por hacer era subir la ladera y atravesar los caminos de piedra, tras lo que llegaría al área de entrenamiento. O al baño, no había entendido del todo lo dicho por el lugareño.

-Uh. Uh. ¿Ahora?- Se preguntó para sus adentros, girando la pluma de metal que le había dado Mugen hacia dos años. "Con esto te reconocerán apenas llegues al Santuario" le dijo, aunque hasta ahora no había tenido éxito alguno. Afilando la mirada mantuvo su postura de piernas cruzadas, mirando alrededor mientras una línea gruesa de sudor le caía por un costado del rostro. Aquel sitio, aunque un pueblo occidental clásico como había visto por su viaje a través de Europa, era particular y único: la arquitectura pública era exquisita. Las columnas altas de los linderos donde se había quedado hacían un octágono en la plaza, alrededor de la cual corrían canales de agua decorados con vegetación mediterránea; frondosa, brillante y despampanante las hojas se mecían con suavidad en la brisa veraniega que sin embargo, se le antojaba infernal. El clima de ese sitio era severo, cien veces peor que el verano de Japón. Eso lo ponía de mal humor y en un sitio como ese, su mal humor retrasaba aún más sus procesos mentales.

Primero suspiró, luego torció los ojos y finalmente, pegó un alarido. ¿Tanto era pedir a alguien que supiera japonés?
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Re: Let the Right One In

Mensaje por Atem el Miér Nov 30, 2016 6:30 pm

El ataque sí había logrado su objetivo, pero Rintaro se reincorporó rápidamente y aprovechando la corta distancia que los separaba, contraatacó. Atem no esperaba aquella acción, por lo cual no vio venir el golpe, y si lo había visto, fuero apenas un diminuto instante que no le permitió reaccionar. El puño cargado de cosmos del japonés le dio de lleno, despegándolo del suelo y mandándolo a volar varios metros para que finalmente cayera, impactando contra el duro suelo.

Se quedó inmóvil un momento, mientras la multitud permanecía expectante. Había sido un movimiento sorprendente, pero también doloroso. No sólo por el golpe, sino además por el impacto al caer. Sin embargo, no era nada que no hubiera sentido antes. Los largos años de entrenamiento habían hecho que se acostumbrara al dolor y vaya si Arsen se lo había hecho probar en más de una ocasión. Fue entonces que finalmente se levantó, lento, pero lo hizo, sentándose en el lugar mientras se tomaba la cabeza, que había recibido parte del impacto al caer.

—Vaya, eso fue sorprendente —admitió finalmente, e hizo una pausa para después añadir:—. Bueno, creo que tu ganas... dudo que pueda continuar —dijo, sonriendo apenado. Le costaba admitir su derrota, pero había gastado ya todas sus fuerzas y de haber continuado, no creía que pudiera hacer mucho—. Ha sido una batalla entretenida, realmente eres bueno. —Y tras decir aquello se puso lentamente de pie, sacudiendo el polvo de su ropa.
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Última edición por Atem el Vie Dic 02, 2016 2:14 am, editado 4 veces
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Re: Let the Right One In

Mensaje por Narrador el Miér Nov 30, 2016 6:30 pm

El miembro 'Atem' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: Let the Right One In

Mensaje por Rintaro el Vie Dic 02, 2016 1:01 pm

-Wueheheh. No creas, el bueno aquí eres tú.- Le dijo Rintaro a Atem. No estaba siendo modesto ya que a final de cuentas, ni siquiera tenia concepto de tal palabra. Lo que decía era lo que creía por completo, sin engaños ni dobles sentidos. Cayendo al suelo quedó sentado de trasero, los brazos siendo apoyos laterales y de su cabeza y hombros saliendo más humo vaporoso; apagar su cosmos generaba más cambio de temperatura y con eso, más efectos aparentes en su entorno - uno de ellos el blanqueamiento del suelo alrededor. Entrecerrando su único ojo funcional pegó un bostezo bajo, mostrando los dientes.

-Atem.- Finalmente el Patriarca habló, adelantándose unos pasos. -Esa fue una excelente muestra de habilidad, incluso sin tu entrenamiento completo. Espero grandes cosas de ti.- Le dijo con un asentimiento positivo. Ciertamente la técnica del egipcio había sido magistral - un perfecto balance entre ofensa y defensa, tal como designaba la constelación a la que estaba destinado, aquellas estrellas que brillaban intensamente a sus espaldas. Por otro lado su contrincante...

No tuvo tiempo de comentar. Desde el ultimo tercio de la montaña del Santuario brilló una luz dorada, generando una explosión que envolvió el Templo del Escorpión Celeste por un efímero instante antes de que un rayo se disparara hacia los campos de entrenamiento. Chocando con fuerza la efigie de un escorpión brillante se manifestó frente a los presentes, su diadema y aguijón apuntando al japonés.

-Ohooi. Hola.- Le dijo el tuerto al tótem, una escena casi ridícula. Pero los aspirantes sabían que las armaduras eran conscientes, el Patriarca también y en su cabeza, Rintaro oía la voz que venia del metal ardiente. -Oh ho. Eres gracioso.- Comentó él con una risita, dándole un toquecito en la frente. Con una pulsación el ropaje dio otro mensaje, uno que provocó un encogimiento de hombros por parte de su interlocutor. -Si tu lo dices.- Dijo con finalidad. En otro destello la armadura cambió de forma, transformándose en un grillete que se fijó en el tobillo izquierdo del japonés - el aguijón dorado siendo la estaca que mantenía los fragmentos metálicos juntos. Era lo que normalmente se conocía como forma pasiva de la armadura y que ahora, constataba al tuerto como portador de la octava constelación. Sin embargo, seguía sin darle mucho pensamiento al asunto - sus primeras palabras entonces fueron para con Atem, al que le preguntó -¿Dónde dijiste que estaba el sitio para comer?-

En esos momentos tenia un hambre atroz.
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Re: Let the Right One In

Mensaje por Atem el Sáb Dic 03, 2016 1:32 pm

Que el propio patriarca lo cumplimentara por su desempeño en el entrenamiento lo hacía sentirse satisfecho consigo mismo y con sus habilidades, pese a que desde su punto de vista el vencedor era Rintaro. Agradeció las palabras del sacerdote seguido de una respetuosa reverencia, jurándose a sí mismo que seguiría esforzándose para alcanzar su meta y llegar a ser lo que se esperaba de él como un guerrero al servicio de Athena. Aunque Atem sabía que todavía le faltaba camino por recorrer para convertirse un Santo, al menos tenía el conocimiento de que iba en la dirección correcta y a buen ritmo.

Y si aquel día no había sido lo suficientemente extraordinario, pronto lo completó un curioso espectáculo que no se veía todos los días y que de hecho, Atem no lo había presenciado desde que llegó al Santuario: tras una explosión dorada proveniente del templo del escorpión celeste, el manto sagrado hizo acto de presencia en los campos de entrenamiento para manifestarse frente a Rintaro. Todos los espectadores inclusive el egipcio y el propio patriarca, permanecieron en silencio contemplando la escena; la mayoría sorprendidos, otros serios, otros con expresiones difícilmente descifrables, pero todos atendiendo al curioso suceso. Atem, por su parte, no podía creer que aquel aspirante a quien había guiado hacia el Santuario y con quien acababa de entrenar, ahora resultara ser un Santo de Oro, aunque él no pareciera darle tanta importancia al asunto, de hecho, era hasta cómica la forma en que Rintaro se dirigía a la armadura.

—Felicidades Rintaro, eres un Santo de Oro, eso es un gran honor —Dijo Atem finalmente, con una sincera sonrisa. ¿Quién iba a decirlo?, pensó; apenas se topó con el japonés en Rodorio nunca se pasó por su mente que algo así podía suceder. Pero a él le alegraba que hubiera sido de ese modo. Si la armadura de Escorpio había elegido a Rintaro como su portador era porque lo merecía y así tenía que ser, y Atem estaba seguro de que el japonés era la persona adecuada para portarla y que honraría su lugar como un caballero dorado.

Finalmente este se dirigió a él para preguntarle sobre aquello que le había mencionado poco antes de terminar la práctica: que le indicara dónde podía encontrar un sitio para comer. Atem conocía varios restaurantes y bares en el pueblo donde servían comida deliciosa, pero sentía que no podía dejar a Rintaro a su suerte en un sitio que no conocía y menos aún cuando no dominaba completamente el idioma, por lo cual, se inclinó por la opción que le parecía más adecuada.

—Ahora mismo regresaba a mi casa, no está muy lejos de aquí. Si me acompañas puedo ofrecerte algo de comer y de paso un sitio donde puedas descansar. ¿Qué dices? —Si bien acababa de conocer al japonés no tenía problemas en ofrecerle de lo suyo. Rintaro había mostrado ser una buena persona y ahora que formaba parte del Santuario era uno de sus compañeros, y simplemente no podía dejar de ser considerado con sus compañeros, era parte de él. Además, Atem mismo precisaba regrear pronto a su hogar, tomar un baño y descansar. No creía que fuese mala idea invitar a Rintaro. El hombre le agradaba y quién sabe, quizás podían llegar a ser buenos amigos.
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