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Last Day as a Normie

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Last Day as a Normie

Mensaje por Rintaro el Mar Dic 06, 2016 6:51 pm

Tras escapar del cráter y la selva que tenía dentro, Atem y Rintaro no tardaron mucho en regresar al Santuario para entregar la flor que, como acotará el egipcio, se llamaba "Arpía Dorada". El Patriarca agradeció el esfuerzo, tomando como líder del dúo a Atem, quien parecía reacio a aceptar tal crédito mientras que Rintaro le daba mínima importancia al asunto. A final de cuentas, había sido el menor quien salvara la flor de la horda de insectos, por ende, él había salvado a los habitantes de la peste. Él solo había decapitado a un ñoño, ni más, ni menos.

Con eso más días se fueron, el entrenamiento de Atem llegando a su final. Tras una semana en la que nada de real notoriedad pasó, Arsen, el maestro de Atem, anunció que tendría su prueba final. Esa noticia no pasó desapercibida para todos los aspirantes a Santos, quienes esperaban la mayor de las grandezas para su ídolo. En el caso de Rintaro, pues...

-Entonces ¿lo vas a matar?- Le preguntó el japonés a su anfitrión la noche anterior al duelo. Se encontraban en la terraza de la casona de Atem, Rintaro fumando el quinto cigarro de la noche mientras jugaban aquel extraño juego de cartas. Frente a cada uno se levantaba un holograma de paneles hexagonales, los de Rintaro verdes y los de Atem rojos. El juego era peculiar, sacado de una serie de caricaturas infantiles - Rintaro habiendo construido su mazo a base de puras cartas que tenían que ver con la luna, perros y agua. Atem... Atem era pura cosa rara, de eruditos y libros y magos. -Porque cuando me tocó a mi, fue brutal. Como esto--- Contó señalando su ojo izquierdo, el falso. -Me dio con su técnica final y me explotó el ojo. Como una fuente, así ¡swish! ¡PLOF!- Dijo expandiendo con varias onomatopeyas y gestos de dedos. Con un movimiento Rintaro puso la carta del 'Hugwolf' en juego, creando un holograma de un hombre lobo con muñones de corazones en lugar de manos que abrazó a una de las criaturas de Atem, convirtiéndolo en, claro, otro Hugwolf. -¡Gohoi!-
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Re: Last Day as a Normie

Mensaje por Atem el Jue Dic 08, 2016 3:35 am

La prueba final. Llevaba varios días sin dormir adecuadamente por los pensamientos que lo atormentaban acerca de aquel día. Desde que había recibido la noticia por parte de Arsen se la pasaba preguntándose qué clase de prueba sería, ¿cuál iba a ser el objetivo que su maestro le impusiera? De lo único que estaba casi seguro era que, de una forma u otra, se vería obligado a poner su vida en juego. Todo su entrenamiento había sido duro, y el hecho de que aquella última prueba fuese precisamente eso, significaba que iba a ser la más difícil de todas, la prueba que decidiría si era apto para convertiese en un Santo o no.

Apartó la vista de las cartas con las que jugaba. No había estado prestando atención, ni al juego ni a Rintaro. O quizás sí, pero no de la forma que solía hacerlo. Estaba distraído, todavía pensando lo que le deparaba al otro día: la batalla final, que decidiría su destino, si los años de entrenamiento habían cumplido su objetivo o si había sido todo en vano. La voz del japonés lo sacó de sus pensamientos y alzó la vista para observarlo.

—Matarlo... —murmuró. ¿Matar a Arsen?, se preguntó mentalmente. No se creía capaz de hacerlo ni aunque su vida dependiera de ello, ni aunque Arsen mismo se lo ordenara. Admiraba a su maestro, lo respetaba y lo apreciaba tanto como si fuese un hermano, el hermano que no tenía. Arsen le había enseñado muchas cosas, entre ellas, a ser una persona justa, honrada y considerada, y estaba muy lejos de su consideración siquiera pensar en matarlo—. Lo he estado pensando todo este tiempo, me he estado preguntando qué clase de prueba me espera. Sé que será la batalla más difícil de todo mi entrenamiento, pero no creo que me atreva a matar a mi maestro aún si me viera obligado a hacerlo —admitió, como si reflexionara en voz alta. En realidad no quería creer que Arsen fuese tan cruel para ponerle una prueba como esa, en la que tuviese que matarlo. Entonces hizo una pausa, para después continuar—. Rintaro, ¿cómo fue que tú... bueno, llegaste al punto de matar a tu maestro? Quiero decir, ¿no te dejó otra opción? Me resulta inimaginable que Arsen esté planeando algo como eso para conmigo. —de hecho, la idea lo aterraba. No le habría importado morir él mismo, pero tener que matar a una persona a la que apreciaba tanto, jamás se le hubiera ocurrido siquiera.
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Re: Last Day as a Normie

Mensaje por Rintaro el Sáb Dic 10, 2016 11:37 am

O estaba teniendo mucha, mucha suerte, o Atem estaba desconcentrado. No es que importara mucho. Al fin y al cabo iba ganando la delantera en el juego - cosa que era tan rara que por partes se perdía en su propia emoción. Cuando el Hugwolf abrazó a otra de las unidades de Atem y lo transformó en el tercer lobo al mando de Rintaro, el japones escuchó al primero hablar. Sus dudas eran palpables, hasta para un idiota como él. Así mismo le preguntó sobre su prueba final y como era que habían llegado al punto en que terminó matando a Mugen.

-Fue bastante simple.- Respondió el mayor mientras tomaba el cuello de la camisa y lo extendía, mostrando el lado izquierdo de la clavícula. En el punto donde el hombro se unía con el hueso había un círculo pequeño, una marca similar a la de una quemadura de cigarro - nada extraño en él, pero, el caso era que un cigarro no la había provocado. -¿Ves esa marca? Fue Mugen. Con su...umm...Geppou Goroshi--- 'Masacre de Paso Lunar' ---según él, era su Ougi, su técnica más secreta, la más fuerte y poderosa. Esa fue la que me voló el ojo.- Añadió sacándose el ojo falso. En la cuenca vacía se veía un color rosa intenso, con capilares y vasos teñidos de borgoña oscuro tildando a púrpura. Dejando las cartas (boca abajo claro, no iba a dejar que Atem lo espiara) se levantó, levantándose la parte baja de la camisa para mostrar la línea que iba entre los abdominales y el pubis. Allí había otra marca y alrededor, las venas más superficiales estaban oscureciéndose de manera más agresiva. -Aquí también me dio. Me tuvo unos cuantos minutos empalado en una pared - así que diría que, umm, es un caso de que no te darán espacio para no matarlo. O lo superas, o te da con su técnica asesina. Eso fue conmigo, quien sabe que te tirarán a ti mañana. Estoy ansioso por ver.- Rintaro volvió a sentarse, activando otra carta: la luna de corazón, dándole una mejora a sus tres Hugwolves. -Gahahahahaha. Tenía ganas de jugar esa cosa desde que la vi ¡al fin!- Exclamó levantando los brazos en V. No había ganado aún, pero estaba cerca. -¡Gahahahaha!- Siguió riendo mostrando los colmillos. Tras un minuto vio la mirada perdida de Atem, instante en que se rascó el cuello. -¿Y si te inventas algo para paralizarlo? No se, amarrarlo, congelarlo (ah no, eso hago yo...algo así), o detenerlo por completo. Uh, quien sabe ¿parar su tiempo? ¿Puedes hacer algo así con tus cosas de egipcio?- Inquirió, recordando las historias de Atem sobre su nación. Todo un país de locos sin duda.
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Re: Last Day as a Normie

Mensaje por Atem el Sáb Dic 17, 2016 2:16 am

Observó a Rintaro sin mostrarse realmente sorprendido. Es decir, sí, era impresionante escucharlo narrar los acontecimientos de la prueba final de su entrenamiento y cómo su propio maestro le había ocasionado daños irreversibles con su técnica más poderosa. Pero Atem esperaba escuchar algo como eso, sospechaba que si Rintaro había llegado a matar a su mentor, era porque no tuvo otra opción. Sin embargo, pensaba, vivirlo debía ser mucho más terrible que verlo u oírlo, y el sólo hecho de saber que a él debía de esperarle algo similar, no lo dejaba pensar con claridad —Ya veo, así que no había otra opción. Me pregunto qué me espera a mí entonces —sentía curiosidad, pero no quería creerlo. Seguía resultándole impensable que Arsen fuese capaz de someterlo a él a una prueba como esa, pero de llegar a darse el caso, tampoco creía que su maestro mereciera morir por su mano, aún si amenazaba su propia vida.

Bajó la vista hacia las cartas que sostenía en su mano, era su turno y se hallaba tan desconcentrado que no estaba seguro de qué jugar a continución; finalmente colocó una carta cualquiera, tampoco tenía mucho que hacer. Probablemente Rintaro terminara ganando la partida pero en ese momento no le importaba mucho. Sumido en sus pensamientos seguía considerando las opciones que tenía. No eran muchas. Tampoco podía escapar a la prueba final, no había estado entrenando para nada. Su propósito era convertirse en un Santo y para eso debía superar aquel último reto, que aunque siempre supo que iba a ser difícil, nunca pensó que lo sería tanto. Le preocupaba la batalla, sí, pero no tanto como las posibles consecuencias: o era su vida o la de su maestro.

Pero entonces llegó un comentario de Rintaro que le hizo devolver su vista hacia él para escucharlo con atención... El japonés sugería algo que hasta entonces nunca se le había pasado por la mente, lo que era extraño, porque Atem solía buscar una solución para todo. Quizás se debía al hecho de que nunca pensó que se encontraría en un dilema como el que ahora lo atormentaba y la misma presión de saber que era inevitable.

—Eso es, Rintaro. Esa podría ser una posible solución —comentó más para sí mismo pero mirando a Rintaro. Su expresión parecía haber recuperado algo de vida tras darse cuenta que había más opciones además de simplemente acabar con la vida de Arsen, que podía evitarlo—. He estado desarrollando una nueva técnica durante los últimos meses, es algo diferente a lo que acostumbro, pero podría ser útil —volvió a bajar la vista, pensativo. Durante el último tiempo había estado desarrollando una técnica que consiguió dominar en cierto nivel, cosa de lo cual su maestro no tenía idea—. Sin embargo nunca la he utilizado en batalla antes porque es algo que debido a su poder prefiero reservar para situaciones extremas. No sé que podría resultar de todo esto, pero tampoco tengo mucho tiempo para pensarlo —apenas tenía esa noche—. Es la única solución que se me ocurre ahora mismo. Supongo que todo se decidirá mañana, sólo me queda arriesgarme.

Le siguió un momento de silencio, instante en el cual Atem volvió a mirar al frente, centrando su atención en el juego de cartas.

—Creo que esta vez tú ganas —comentó al ver su situación. No tenía muchas opciones contra el ejército de Hugwolves mejorados de Rintaro.
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Re: Last Day as a Normie

Mensaje por Rintaro el Mar Dic 20, 2016 8:32 pm

Lo impensable había sucedido: venció a Atem en un juego de cartas. Los Hugwolves atacaron y anotaron, derrotando al remanente de las cartas del egipcio. En celebración Rintaro lanzó su mano al aire, riendo con un vozarrón bastante suyo, uno que resonó a través de la noche.

...

Así llegó el siguiente día y con el la prueba de Atem. Como un evento importante, se abrió el gran coliseo para todos los aspirantes, quienes llenaron las gradas a buen ritmo. En las entradas y los pilares alrededor se colgaron estandartes de color púrpura real en señal de apoyo al egipcio, sus fanáticas con pompones sacados de quien sabía dónde. Obviamente, el Santuario no era una escuela secundaria ni mucho menos, pero en esa ocasión bien pudo serlo: las chicas gritaban su amor y deseos por la victoria de Atem, los chicos se mantenían rezagados y con mirada meditativa pero no menos emocionados y a veces, las reacciones se mezclaban; matices de unos y otros, todos creando un caleidoscopio de ruido y positivismo similar a una marejada. Incluso, papelillos brillantes de colores se dejaron flotar en el cielo, producto de algún aspirante avanzado.

Fue allí cuando apareció Arsen en el extremo del coliseo pisando con suavidad determinada. Todo el publico quedó callado, la danza de papel brillante interrumpida por el cosmos del maestro que la dispersó en una onda expansiva de aire. -Menos mal que no tuve tanto público.- comentó Rintaro para sus adentros, fumando un cigarro. No lo decía por tener ansiedad de desempeño en público ni mucho menos, pero el caso era que Atem sí parecía poseer esa característica. Por lo que había visto, dudaba que le sentara bien todo ese circo, a él y a Arsen, pero ¿qué iban a hacer? Era su popularidad después de todo. Exhalando una humareda en su rincón solitario encima de una de las columnas vio el cuerpo de Arsen, que emitía una potente energía. Eso le bastó para saber que iba en serio y constatar que sí, Atem tendría que matarlo si no había encontrado una solución alterna. Entonces arrugó la nariz; Atem había salido al ruedo.

La batalla daba inicio.
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